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Mdlftr

Dredliftter, 
Did you see his comment that this story is inspired by YOUR stories?  What a compliment!

 

I am enjoying this story!  Thank you, dangerdamger!


Mdlftr

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WillyK

First story that i read in Spanish without using a translator (feeling so proud ^^)
Great work :D

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dredlifter
On 4/5/2021 at 6:53 PM, Mdlftr said:

Dredliftter, 
Did you see his comment that this story is inspired by YOUR stories? What a compliment!

I did not!  Where??  Was it lost in the google translation?  Lol. 

That's awesome.  Love his work.

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dangerdanger

III — Un sueño…


Cuando me desperté al día siguiente apenas podía moverme. Me sentía un viejo de 90 años que apenas podía levantar un brazo. Después de desayunar, volví a la cama y me quedé dormido. Soñé esto:
Tocaba el timbre en un departamento y esperaba a que me vinieran abrir. Nico salía del ascensor, ya de lejos me daba cuenta de que estaba mucho más grande que la última vez que nos habiamos visto. Caminaba de una forma muy masculina, moviendo su inmenso cuerpo como si pesara cien kilos.
—¡Boludo, me hiciste mierda! ¡Me duele todo el cuerpo! —le decía yo ni bien salía.
Él sonreía y abría los brazos para darme un abrazo y apretarme contra su cuerpo enorme y musculoso. Podía sentir el tamaño descomunal de sus pectorales contra mi cuerpo mucho más y sus enormes biceps creciendo mientras me apretaba contra él.
—Chabon, estás enorme —le decía yo y le apretaba el brazo. 
Él lo flexionaba y se inflaba hasta ser mas grande que mi pierna. Después subíamos al ascensor.
—Boludo, no puedo creer lo groso que estás, mirá el pecho que tenés. Y los hombros, parecés una montaña —le decía yo mientras lo tocaba.
Nico parecía disfrutar de mis comentarios y flexionaba cada músculo para que yo sintiera lo enorme que se había vuelto. Cuando entramos a su departamento me acequé a él y puse mis manos en su cintura.
—Boludo, estás gigante. No puedo creer todo lo que creciste —le decía mientras subía mis manos tocando todo su cuerpo para sacarle la remera.
Pude sentir todos sus musculos duros y perfectos.
Cuando se quedó en cueros Nico levantó sus brazos en una pose perfecta de dobles biceps y ambos mirarmos sus músculos inflarse.
—Uf, boludo, mirate lo que sos. Estás hecho un toro —le decía mientras le tocaba los brazos.
—No sabés la fuerza que tengo.
—Me imagino… Mirá el pecho enorme que sacaste. ¡El macho que te volviste! Mirate los tubos que pegaste, no puedo creer el tamaño de tus músculos. Me vuelvo loco solo de mirarte. Estás re fuerte.
—¿Te gusta que esté tan musculoso...? —me dijo mientras caminaba hacia mí y con su cuerpo me apretaba contra la pared.
Apoyé mis manos en sus pectorales que ocupaban todo mi campo de visión.
—Me encanta que seas un macho agresivo. Con ese cuerpo seguro podés hacer lo que quieras.
Nico me puso las manos en la cintura y me sacó la remera. Mi cuerpo junto al suyo parecía todavía más flacucho y fuera de forma.
—No sabés la fuerza que tengo —dijo mientras flexionaba su pecho y levantaba los brazos para flexionar sus biceps—. Mi novia dice que soy Superman. Que cuando me la cojo puede sentir todo mi cuerpo duro como piedra y cuando la levanto con mi brazos siente que no pesa nada.
—¿Podés levantarme a mí?
—¿Me estás jodiendo? Mira el lomo que tengo, obvio que te puedo levantar —dijo mientras me pasaba una mano por las piernas para levantarme y alsarme—. No pesás nada para mís brazos. Soy mucho mas fuerte de lo que pensás.
Después se puso a hacer biceps con mi cuerpo.
—¿Te gusta esto, chiquito? ¿Te gusta ver como te levanta este hombre? Posta que no siento nada, estoy tan grande que sos una pluma.
—Dios mio, Nico, estás inmenso.
—Dale, sacate las ganas de tocarme el lomo que tengo, sentí la fuerza de mi cuerpo. Estoy gigante… Uf… Me encanta ser un macho tan forzudo. Siempre quise ser enorme y musculoso, que las remeras me apretaran el pecho y que se viera el tamaño descomunal de mis brazos. Tener la espalda ancha y que al caminar se vieran mis musculos marcados. Sentirme fuerte y poderoso y que las minas quisieran tocarme todo el tiempo y los chabones se sintieran intimidados junto a mis hombros y los putos como vos quisieran lamerme el pecho y sentir lo macho que soy. Me encanta ser tan hombre.
—Nico, tus brazos están creciendo.
Era verdad, sus biceps se habían vuelto mucho mas grandes, estaban calientes y duros.
—Espero que estés listo para verme crecer, enano. Me voy a volver un gigante con los músculos más increibles y fuertes del mundo. Aahhh... Si, puedo sentir mi torso creciendo... Sí, amo crecer... Sí, mi pecho todo duro y mis tetas todavía más musculosas... Sí, mira como me inflo, puto, mirá el macho en que me estoy volviendo... Sí, mis musculos se están volviendo gigantes... —decía sonriendo—. Sí, amo ser tan enorme... Siento que puedo levantar una casa con mis músculos... Sí, soy cada vez más grande... Ah... Mi pecho... Mis tubos... Mirá el lomo que tengo... Ya no pesás nada, enano... Mirá lo macho que soy...
En ese momento acabé y desperté del mejor sueño de mi puta vida.
 

  

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dangerdanger

IV - Mis amigos


Leandro y yo éramos amigos desde nuestra única y primera cita hacía algunos años. Unos amigos nos habían arreglado una cita ciega diciendo que ambos eramos el uno para el otro. No nos dieron demasiado detalle, ni a él ni a mí, pero de los dos, él fue el único que no salió desilusionado.
Según me enteré por otro amigo, yo le había gustado a Leandro y no solo le había gustado sino que durante un tiempo tuvo que hacer un esfuerzo para desenamorarse de mí. No lo culpo, modestia aparte, muchos de los chicos con los que salí dijeron que yo era muy lindo.
Leandro era incluso más petiso que yo y pesaba tan solo sesenta kilos. Tenía unos bracitos de fideo que le daban el aspecto de un chico de catorce años. La primera vez que lo vi sin remera, en una pileta, me sorprendió que fuera tan flaco. No tenía pecho, era una tabla que parecía a punto de romperse.
Pero pese a que él no era mi tipo de hombre, sí se volvió uno de mis mejores amigos.
Lara era amiga mía desde la facultad. Todos mis amigos hétero querían acostarse con ella lo cual yo podía entender a la perfección: Lara era una rubia con un enorme par de tetas, una cintura delgada y un culo redondo como una manzana. De haberme gustado las mujeres de seguro ella habría sido mi tipo y de seguro no me habría dado bola.
Como casi todos los domingos nos encontramos a tomar un café los tres. Leandro llegó primero y ni bien se sentó se dio cuenta de que algo me había pasado.
—Jodeme que conociste a alguien. No seas trolo, contametodoya.
—En el gimnasio.
—Ay, me muero. Jodeme, ¿como es? No, esperá, no me digas. Adivino. No decime. ¿Lomazo?
—Tiene veinte años.
—¡Chancho! ¡Es un bebé!
Leandro tenía dos años más que yo.
—Sí, pero no sabés lo que es. Nunca vi un macho así.
—Me muero. ¿Es alto?
—Debe medir un metro setenta y cinco.
—Para mí, gigante.
—Es flaco, o sea no tiene un gramo de grasa, pero tiene una espalda del tamaño de una puerta.
—Me muero. ¿Y los brazos? ¿Es de esos hombres con brazos enormes? ¿¡Qué digo!? Obvio que tiene los brazos enorme, vos sos un enfermo de los músculos.
—Todo marcado, los hombros le sobresalen así como piedras. Y tiene los músculos enormes.
—Si es demasiado musculoso ya no me gusta, me parece raro.
—No sabés lo que es… El otro día lo vi sin remera.
—No me digas que hiciste algo ilegal…
—No sabés el lomo que tiene. Te juro que nunca vi un pecho tan enorme y desarrollado.
—¿Tiene pelo en el pecho?
—Apenas, pero tiene 20 años, boludo, dale tiempo. En unos siete años va a tener el pecho todo cubierto de pelo. No sabés la fuerza que tiene. Yo a los veinte años no podía levantar ni la décima parte de lo que levanta él. No sabés lo que es, está todo trabado y después de entrenar le cuesta mover el torso y los brazos.
—Ay, me encanta que digas torso…
—El otro día en el baño del gimnasio se sacó la remera después de entrenar. No sabés lo que era. Todo marcado y enorme. Tenía el pecho infladísimo. Tiene una presencia que me vuelve loco. Parece mucho más grande de lo que es y al mismo tiempo es un niño. ¡20 años! 
—Me muero si pasó algo.
—No sé, o sea sí pasó algo, pero no me doy cuenta si le gusto…
—Vos decime a mí que yo nunca fallo con esas cosas.
—Me dio una nalgada.
—¿Una nalgada?
—Si, así como una cachetada en la cola.
—¿Y te dijo algo?
—No, solo eso. Estábamos entrenando, yo hice fuerza y él me felicitó y me dio una nalgada.
—¿Y algo más?
—Después pasó que fuimos al baño y me sacó la remera y se me puso bien cerca, pero entonces vino un entrenador y le dijo que estaba enorme y musculoso y lo felicitó y le dio una nalgada y después hablaron de una mina de tetas enormes.
—Ah, no… olvidate…
—¿Qué?
—Re hétero, olvidate, súper hétero.
—¿Y lo de la remera?
—No cuenta, entre los hombres hétero eso re normal, o sea no les causa nada. Es como ver una pared. Te lo juro, vi mil hombres que parecen re putos, pero no sienten nada. O sea se pueden pellizcar el culo, o decir algo de los músculos, pero no les calienta nada. Te juro que no sé como hacen.
—Puede ser… —dije con cierta tristeza.
Pese a que no quería creerlo, yo pensaba lo mismo que Leandro.
En ese momento levanté la cabeza como si hubiera escuchado un sonido que solo mis orejas podían captar. Fue algo instintivo, como si fuera capaz de oler algo casi imperceptible. Al mirar sobre mi hombro me di cuenta de lo que estaba pasando; al café había entrado un hombre casi tan alto como la puerta, pero mucho, mucho más ancho. Llevaba una remera XXXXL que le quedaba suelta en la cintura pero que le apretaba ese enorme pecho musculoso que parecía sobresalir como dos piedras. Lo mismo ocurría con sus brazos que eran del tamaño de unos melones. De tan musculoso que era le costaba bajar los brazos. Tenía una espalda en forma de V que impresionaba y con cada movimiento parecía estar maniobrando material sumamente pesado: su propio enorme y musculoso cuerpo.
—¿En serio te gusta cuando están así todos trabados y musculosos? —me preguntó Leandro con un poco cara de asco.
El macho ese se sentó, estiró la espalda y luego el pecho: pudimos ver sus pectorales inflarse como dos almohadas de carne. De solo imaginar la fuerza que debía tener en ese pecho musculoso me temblaron las piernas.
—Sí… —dije sin pensar—. Me muero de tocar un macho así super desarrollado y fuerte. Encima me encanta que les guste ser adorados por lo musculosos que son. Y que se calienten con su propio tamaño y lo fuertes que son. Me mata que se pongan remeras apretadas para que se les marque todo el pecho musculoso y se les vea lo enorme que tienen los brazos. Mirá lo inflado que está, debe ser una bestia. Me fascina que le guste mostrar lo fuerte que es. Mirá como flexiona los brazos mirándose en el reflejo; está todo inflado.
—Yo te digo, la mayoría son putos —dijo Leandro.
—Pero igual son re machos y me encanta. Me encanta que esté todo fuerte y que tenga todo el cuerpo marcado. Me muero por lamerle el pecho musculoso y si lo tiene peludo mejor. ¿Qué decís?
—Este igual seguro se afeita…
—No me importa. Me re imagino tocándole los brazos enormes y duros. Mirá lo que es, es enorme. Que macho. Los hombres así me matan. Si pudiera pedir un deseo sería tener un hombre así para que me mostrara lo fuerte que es y me alzara y me apretara contra su pecho y que yo le pudiera tocar sus músculos después de entrenar todos los días, acariciarle el lomo de macho, el pecho, los hombros, los brazos y la espalda. Con eso ya estaría feliz y me podría morir en paz.
—Y después claro, que te viole con una pija de cuarenta centímetros —dijo Leandro.
—Boludo, te van a escuchar.
—¿Y? Acá todos los chabones hablan de minas, tetas y conchas. ¿Por qué yo no puedo hablar de pijas gigantes?
Leandro tenía su punto.
Ver a ese macho musculoso me había calentado. Me imaginaba a Nico después de entrenar con el pecho todo marcado y duro de tanto levantar pesas y me lo imaginaba quitándose la remera para que yo pudiera tocarlo, sentir lo fuerte que estaba. Me encantaría verlo crecer hasta ser tan grande como ese tipo que estaba ahí tocándose el pecho. 
Cuando llegó Lara todos los hombres alrededor nuestro se dieron vuelta para verla caminar menos el musculoso que estaba demasiado ocupado arreglándose la remera. A Lara le encantaba que los hombres le miraran las tetas y el culo, se vestía bien provocadora y siempre hacía algún comentario.
—Hola, mis cielos, que lindo cafecito, está lleno de ojos —dijo con una sonrisa.
Leandro se encargó de contarle todo sobre Nico.
—Jodeme que tiene veinte años —Lara tenía treinta—, es un bebé para vos, pero para mí está perfecto. Y si es así todo musculoso mejor. Me encantan los hombres todos tallados. Así bien machos trabajados.
—Boluda —le dijo Leandro—, te juro que para mi sos un hombre gay metido en un par de tetas.
—Obvio, me encanta, si re, Rodolfo soy. Rodo —dijo Lara—. Pero este bomboncito todo duro ¿es marica o machito?
—Parece que es de los tuyos —dijo Leandro.
—Lo amo, pasale mi número, o mejor hacé una reunión así le veo el lomo ese que decís que tiene. Me encantan jovencitos y musculosos, son lo mejor.
Después pasamos a hablar de otras cosas, aunque en mi cabeza yo seguía pensando en Nico y en que probablemente, aunque me diera tristeza, él preferiría estar con Lara antes que conmigo.
En ese momento ella se dio vuelta y vio al macho que estaba sentado en la mesa. Justo en ese momento estaba de nuevo estirando su maravilloso pecho cubierto de músculos inmensos.
—Ay, dios mio, miren a esa bestia. Mirale los brazos, Tomi, a que te morís de ganas de que te apriete con esos músculos —dijo en voz baja.
—Ese de seguro es de los nuestros —dijo Leandro.
—Ni ahí. Escuchen esta —dijo Lara—. El otro día estaba en el supermercado y doblo con el changuito y veo a mitad de la góndala a este mismo macho enorme. Tenía una remera como esa pero que le apretaba el pecho todavía más. Primero le vi la espalda esa que tiene para escalar, onda Monte Everest. De solo verlo se me aflojaron las piernas.
—Jodeme que le dijiste algo —dijo Leandro.
—Callate. Me acerco y le digo: ‘Me siento Maoma,,,’. Se da vuelta y me mira de arriba. Me sacaba dos cabezas. Tenía todo el cuerpo así duro y enorme, los brazos eran dos piedras. Parecía un toro. Nunca había visto un hombre tan grande de tan cerca. Me lo imaginé encima mío apretandome contra la cama y yo tocándole todos los músculos enormes y duros. De seguro se inyecta con algo o con todo. Me mojé de solo imaginar lo fuerte que debía ser. Y ahí, antes de que dijera nada, aparece una mina, no te miento, era una puerta, ni en pedo tan grande como el macho ese, pero te juro que parecía un tipo de lo musculosa que era. Al lado del macho gigante ese parecía una muñeca, pero mamita, qué muñeca, te bajaba un diente.
—¿Y qué hiciste?
—¿Qué iba a hacer? ¡Corrí, boludo!
En ese momento entró una mina tan musculosa que estaba toda marcada. Se acercó a la mesa del gigante y él se levantó para darle un beso. Fue como si se levantara una montaña. Él le sacaba mas de una cabeza y era el doble de ancho; junto a él, ella parecía flaquita. Él la envolvió con sus brazos y la apretó contra su pecho. Ella apoyó sus manos sobre sus pectorales y pudimos ver el verdadero tamaño descomunal que tenían esos musculos.
—Les dije, macho bien macho —dijo Lara.

  

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